La espera terminó
La cuenta regresiva ha terminado. Mañana (a las 21 pm en Italia, 13 pm en México) comenzará oficialmente la Copa Mundial 2026: en el legendario Estadio Azteca, los anfitriones se enfrentarán a Sudáfrica, el primero de muchos partidos que, lamentablemente, como es bien sabido, no se verán en el campo. Nacional italianoEl tercer fracaso de Italia en la fase de clasificación hace que seguir este evento sea aún más amargo, pero la tristeza se puede superar desempolvando una vieja historia que tiene una fuerte conexión, entre otras cosas, con la caza. Tenemos que remontarnos casi 90 años atrás, cuando Italia era un equipo muy diferente al que lleva 12 años sin clasificarse para el Mundial.
La tercera Copa del Mundo en la historia
En 1938, en la tercera edición del torneo, la selección italiana participó como campeona defensora. Cuatro años antes, habían logrado la victoria en casa, derrotando a Checoslovaquia en la prórroga de la final. La siguiente edición se celebró en Francia, y Vittorio Pozzo fue confirmado como entrenador. Repetir el título de la Copa Rimet (como se llamaba entonces el trofeo) no estaba garantizado, pero el propio Pozzo convocó a un jugador que le haría rico, un delantero que también pasó a la historia por su gran pasión por la caza. Silvio Piola tenía 24 años en ese momento, pero ya contaba con nueve títulos de la Serie A (con el Pro Vercelli y la Lazio) y más de cien goles; en resumen, un delantero puro.
Los objetivos "pesados" de Piola
En Francia, Piola cumplió con las expectativas: en los cuatro partidos que jugó, marcó cinco goles, muchos de ellos decisivos en la lucha por el título. En octavos de final, contra Noruega, fue su gol en el último minuto el que le dio la victoria a la Azzurri, pero aún más significativo fue su doblete en cuartos de final contra los anfitriones (3-1). En semifinales contra Brasil, no logró marcar, aunque aun así ganaron 2-1. Luego, en la final en Colombes, Piola desató un doblete que selló una victoria por 4-2 que superó la resistencia de Hungría. Su pasión por la caza ya ha sido mencionada y está bien ejemplificada por una serie de testimonios significativos. Basta recordar que cuando firmó su primer contrato real como futbolista con el Pro Vercelli, su padre le regaló un rifle de caza, sin olvidar la compra de un perro de muestra para que pudiera participar en las cacerías.
La caza, ante todo.
Las anécdotas de caza más interesantes de su época en la Lazio son dos. Antes de un partido, se presentó en el vestuario apenas media hora antes del pitido inicial. ¿La razón? Acababa de regresar de una cacería, y sus compañeros lo vieron llegar con sus botas, rifle y cinturón de cartuchos a la vista. Luego, durante un partido fuera de casa en Piamonte (su región natal), no dudó en llevar consigo a sus tres perros de caza para poder disfrutar del bosque que tan bien conocía después del encuentro. Piola era, por lo tanto, un gran cazador, además de un campeón de pura clase: sus 394 goles en su carrera hablan por sí solos, y podría haber logrado mucho más con la selección nacional si la Segunda Guerra Mundial no hubiera intervenido, privándolo de la camiseta Azzurri durante el período de su madurez deportiva.








































