Medio siglo y todavía no lo siento
El segundo capítulo de la saga, pero considerado por muchos incluso superior al primero. "El segundo trágico Fantozzi" cumple hoy exactamente 50 años desde su estreno. cines 15 de abril de 1976: medio siglo después, los chistes y gags de esta película siguen vigentes y se utilizan con frecuencia. Entre los episodios más divertidos se encuentra, sin duda, la cacería (de hecho, una de las escenas se usó en el póster de la película de Luciano Salce). En menos de 10 minutos, uno se transporta rápidamente al ambiente de caza de la Italia de los años 70, con las inevitables exageraciones magistralmente creadas por Paolo Villaggio para su personaje más famoso.
Exageraciones sin fin
El espectador se entera de la enésima participación de Ugo Fantozzi en el plan de su colega Filini: el inicio de la temporada de caza. Ambos se dirigen a una zona verde que debería estar casi deshabitada, pero donde en realidad hay una asombrosa concentración de cazadores. Tanto Fantozzi como Filini se comportan como siempre, completamente despistados, con ropa y equipo improvisados: desde la honda del contable hasta el enorme cinturón de cartuchos de la ametralladora, pasando por el suero antivíboras y la jaula con un canario. Entre malentendidos e interpretaciones erróneas, el episodio continúa en un crescendo deliberadamente exagerado, demostrando el insospechado conocimiento de caza de Villaggio, que incluye la mención, entre otras cosas, de bisbitas pratenses y señuelos vivos.
Sátira y reflexiones
La situación se agrava, transformando una simple jornada de caza en una guerra de trincheras, con bombardeos, tanques y todo lo demás que la guerra pueda concebir. Las escenas se filmaron en Manziana, un pequeño pueblo al norte de Roma (cerca del lago Bracciano), como explica la hija de Villaggio, Elisabetta, en el libro "Fantozzi Behind the Scenes". Esta representación cinematográfica de la caza resulta tan hilarante hoy como en 1976, gracias a la típica trama de Fantozzi: el hombre común, el propio Fantozzi, se ve inmerso en un ritual absurdo, convirtiéndose en víctima de las convenciones. Más allá de una simple representación de la actividad cinegética de la época, es una sátira de la burguesía italiana de hace 50 años; en resumen, una jornada de caza casi elitista transformada en una pesadilla grotesca.









































