Primero la jefatura de policía, luego los jueces.
Aunque no tiene la misma trascendencia histórica que el incidente de Anagni, la bofetada que un joven propinó a un ciclista en Umbría sí tuvo cierta relevancia, y debe tenerse en cuenta al abordar situaciones legales similares. De hecho, este acto contribuyó a la pérdida del permiso de caza del protagonista de esta historia, según dictaminaron posteriormente la Jefatura de Policía de Perugia y el Tribunal Administrativo Regional (TAR).
Un tema poco fiable
La denegación se basó en que el joven no era digno de confianza. Además de su relación con personas con antecedentes penales y su vínculo con un delincuente convicto, el incidente de la bofetada, ocurrido cuando era menor de edad, tuvo un impacto significativo. Se presentó una apelación contra la negativa inicial de la Jefatura de Policía, argumentando que cualquier situación controvertida podría aclararse.
Las explicaciones proporcionadas
En concreto, el niño es nieto de un delincuente convicto (su abuelo materno), pero al parecer ya no tiene contacto con el anciano, que además reside en otra zona. Respecto a las relaciones de riesgo, se recalcó que la policía no facilitó nombres, fechas ni lugares. Se justificó además la bofetada, alegando que en realidad se trató de un gesto con el brazo para evitar una colisión con el ciclista (situación que se resolvió con una carta de disculpa y una donación de 250 € a una organización benéfica).
Conducta que será evaluada
Sin embargo, la reconstrucción del caso por parte de los jueces del Tribunal de Arbitraje Deportivo demostró que estaba equivocado. La bofetada fue, de hecho, intencional, como informaron los carabineros que intervinieron en el lugar e incluso los amigos del agresor. La situación se agravó (según la víctima) por el gesto obsceno del joven. No obstante, al ser menor de edad, deberá esperar algunos años antes de solicitar una licencia de caza, para que su conducta pueda evaluarse durante un período más prolongado.




































