El terreno de la propaganda
La reciente Conferencia de prensa ofrecida en el Senado por ENPA, LAV, LNDC, WWF y la Fundación Capellino La petición de una moratoria de un año para la degradación de los lobos es un ejemplo más de cómo un sector del movimiento por los derechos de los animales sigue centrándose más en la propaganda que en el análisis científico y la responsabilidad hacia las comunidades locales. La solicitud se presentó como una defensa de la "legalidad" y la "ciencia", pero un análisis minucioso del contenido de las demandas revela un panorama mucho más complejo.
La ciencia se evoca, pero no se cita
Las asociaciones califican la degradación del lobo como "una decisión sin fundamento científico ni legal". Una frase pegadiza, perfecta para titulares de prensa, pero carente de fundamento técnico real. Durante años, institutos de investigación, universidades y organizaciones europeas han informado:
– un crecimiento constante y significativo de la población de lobos en Italia;
– una expansión territorial que ha alcanzado las zonas agrícolas y periurbanas;
– un aumento de la depredación, a menudo no compensada adecuadamente;
– la necesidad de herramientas de gestión flexibles, ya adoptadas en otros países de la UE.
Sin embargo, la conferencia de prensa no citó ni un solo dato actualizado, estudio o monitoreo independiente. Solo lemas.
La Fundación Capellino y el cortocircuito ético
La presencia de la Fundación Capellino es impactante, tras haber sido noticia por el escándalo de los productos Almo Nature y su campaña "Nada justifica la caza", duramente criticada por la Fundación UNA por su postura ideológica y engañosa. Es difícil no notar la paradoja: una entidad privada que basa su imagen en productos para mascotas —una industria multimillonaria— pretende dictar políticas de gestión de la vida silvestre, ignorando por completo el impacto económico, social y ambiental en las comunidades rurales.
Las peticiones: entre las buenas intenciones y la desconexión total con la realidad
Las asociaciones plantean cuatro demandas principales. Algunas, individualmente consideradas, podrían incluso parecer razonables. El problema es que se presentan como si viviéramos en un país ideal, donde los recursos son infinitos y los problemas complejos se resuelven con un comunicado de prensa.
1. Moratoria de un año para la degradación de los lobos
Una moratoria no es una solución: es un aplazamiento. Y posponer significa dejar a los ganaderos, agricultores y territorios a merced de un problema creciente.
2. Aplicación de las medidas de prevención financiadas por la PAC
Existen medidas, pero a menudo son insuficientes, no son adecuadas para todas las situaciones o no se implementan con la suficiente rapidez. Pretender que la prevención es una panacea universal es una interpretación errónea del contexto local.
3. Compensación integral por los daños a los agricultores
Cierto en teoría, pero inviable en la práctica si no se aborda el problema central: la gestión de la especie. Sin intervenciones estructurales, el daño seguirá aumentando y los reembolsos se convertirán en un pozo sin fondo.
4. Campaña de información sobre la etología del lobo
Informar es genial. Pero informar no significa negar los problemas reales ni infantilizar el debate con narrativas de tipo documental sobre la naturaleza.
El verdadero quid de la cuestión: la distancia lateral entre quienes viven el territorio y quienes lo cuentan.
La cuestión no es estar a favor ni en contra del lobo. La cuestión es reconocer que:
1) La coexistencia no es un hashtag, sino un equilibrio frágil;
2) la vida silvestre no es un símbolo ideológico, sino una realidad biológica;
3) la gestión no es una concesión al “lobby de los cazadores”, sino una necesidad reconocida en toda Europa;
4) Quienes viven y trabajan en el campo no son antagonistas, sino interlocutores indispensables.
Sin embargo, los grupos defensores de los derechos de los animales siguen proponiendo una visión urbana, abstracta y a menudo paternalista. Una visión que ignora la complejidad y convierte cada discusión en un tribunal moral.
Necesitamos menos propaganda y más responsabilidad
El debate sobre los lobos, como toda la fauna silvestre, merece seriedad, datos y experiencia. No eslóganes, campañas publicitarias ni ruedas de prensa diseñadas para generar indignación. Las comunidades rurales, los agricultores, los expertos en fauna silvestre, los investigadores y las autoridades locales exigen una cosa sencilla: políticas basadas en la realidad, no en la retórica. Mientras un sector del movimiento por los derechos de los animales siga ignorando este principio, el debate será infructuoso y el país seguirá pagando el precio de decisiones postergadas, problemas sin resolver y narrativas que no ayudan a nadie, ni siquiera al lobo (fuente: Federcaccia, Núcleo Magenta "Eligio Colombo").







































