El dilema
¿Es mejor producir alimentos “made in Italy”, contribuyendo a la “soberanía alimentaria” del país o es mejor invertir enenergía renovable¿Reducir la dependencia de los hidrocarburos? El dilema dista mucho de ser académico; implica elegir entre dos modelos económicos, y esto fue claramente evidente en Dorno, una pequeña ciudad de la provincia de Pavía, asediada por una enorme demanda de instalaciones de paneles solares en terrenos históricamente dedicados al cultivo de arroz. Pero el caso de Dorno simboliza una decisión de futuro que también enfrentan otras partes de Italia.
El caso de Dorno
Dorno, con una población de 4.600 habitantes, se encuentra en el corazón de la Lomellina, en esa franja de llanura entre Piamonte y Lombardía, cuyo paisaje se define históricamente por los arrozales y donde el sector agrícola es un ejemplo destacado. En Dorno, la administración municipal recibió una propuesta de un inversor privado para instalar un "bosque" de 170.000 paneles solares en terrenos agrícolas, con una superficie de 215 hectáreas hasta donde alcanza la vista. "Si se autorizaran las instalaciones que este organismo conoce actualmente, ya sean en construcción o en curso", expresó el alcalde Francesco Perotti con preocupación, "el 20% del terreno agrícola estaría ocupado por paneles fotovoltaicos, superando la extensión del suelo urbanizado". Pero ¿cómo se ha llegado a este punto? La fotovoltaica en Italia está experimentando un resurgimiento. Entre enero y noviembre de 2025, las energías renovables proporcionaron el 41,7% de la demanda eléctrica nacional; en el segmento de las energías "verdes", la solar ha superado significativamente a la hidroeléctrica. Según el Observatorio de Agroenergía de Confagricoltura, el 18% de toda la energía renovable producida en Italia proviene de tierras agrícolas.
Soporte italiano
Varios factores contribuyen a este auge, principalmente los incentivos públicos. El Observatorio de Cuentas Públicas de la Universidad Católica de Milán estima que este apoyo en Italia es aproximadamente 25 veces mayor que el de España y 15 veces mayor que el de Alemania (lo cual explica por qué las facturas en Italia son más altas que la media de la UE). Este impulso también es significativo, ya que para 2030, Italia necesitará producir 80 gigavatios de energía limpia, mientras que actualmente estamos estancados en 42. Por lo tanto, existe una gran necesidad de espacio para instalar paneles solares, y aquí llegamos al punto crucial: ¿cuánto puede producir la tierra agrícola? Según cálculos basados en datos del CREA (Consejo de Investigación en Economía Agraria), se observa que la energía fotovoltaica tiende a ser la opción más rentable en zonas menos productivas o donde los cultivos requieren una mayor inversión en recursos y equipos. Por ejemplo, en Piamonte, el alquiler de terrenos cultivables alcanza los 1.400 € por hectárea, mientras que la cesión de derechos de superficie para la instalación de paneles solares oscila entre 3.500 € y 5.000 €. En Lombardía y Lacio, la cifra asciende a 5.600 €.
Producciones agrícolas
Tras establecer este marco de actuación, volvemos a la pregunta inicial: ¿existe un conflicto entre producir alimentos y producir energía? Para encontrar la respuesta, volvemos a Pavía y a los directamente afectados por el problema. Marta Sempio y Alberto Lasagna, presidenta y director de la Confagricoltura provincial, responden con claridad: «Con el mercado del arroz sujeto a fuertes fluctuaciones y la compleja dinámica de la agricultura, quienes optan por sistemas fotovoltaicos ganan hoy el doble que la producción agrícola tradicional». Ciertamente, en este contexto, la caza no se beneficia, y mucho menos nuestra pasión (fuente: Federcaccia Brescia – Cacciapensieri).







































