No es un episodio aislado.
En el mundo de la comunicación digital y el activismo, la incoherencia (real o percibida) es el pecado original que las redes sociales rara vez perdonan. Elisabetta Canalis, durante años rostro de campañas históricas contra el abandono de perros, contra el uso de pieles y defensora de la protección animal, lo sabe bien. Su reciente aparición como invitada de honor en la prestigiosa Piazza di Siena de Roma provocó una auténtica polémica. tormenta mediáticaEste incidente, sin embargo, no es un caso aislado; forma parte de una división cultural y normativa mucho más profunda que enfrenta al sector más intransigente de los derechos de los animales con los ámbitos rural, deportivo y ganadero. Desde las gradas del óvalo de Villa Borghese, Canalis no ocultó su entusiasmo, describiendo su presencia en el CSIO de Roma como un sueño que ha cultivado desde muy joven. En declaraciones a los medios especializados, reiteró que su vínculo con los caballos es un amor visceral e incondicional, basado en la empatía, el respeto por el bienestar del animal y la idea de un «dúo» en el que uno avanza solo donde y como el caballo lo permite.
La chispa de la controversia
En el ámbito activista, la presencia de la artista en la Piazza di Siena se ha interpretado como un auténtico cortocircuito ético. Las críticas que han inundado sus redes sociales se centran en un pilar fundamental de la ideología abolicionista: el uso de caballos en competiciones deportivas se considera una forma de explotación y coerción. Los comentarios más mordaces han puesto de manifiesto un supuesto «doble rasero», acusando a Canalis de defender con vehemencia a las mascotas tradicionales (como perros y gatos) y, al mismo tiempo, mostrar una falta de sensibilidad hacia los animales empleados en actividades consideradas forzadas por el ser humano. La polémica en redes sociales en torno a Canalis es, en realidad, solo la punta del iceberg de un conflicto político mucho más complejo. Como se destaca en nuestro análisis, el debate público sobre el bienestar equino se encuentra actualmente en una encrucijada regulatoria crucial, impulsado por tres proyectos de ley (presentados por Brambilla, Zanella y Cherchi) que se encuentran en trámite parlamentario.
La cancelación del caballo
Estos proyectos de ley, impulsados por corrientes ideológicas que rozan el antiespecismo, pretenden eliminar progresiva y completamente al caballo de la sociedad civil, deportiva y económica. El objetivo subyacente es «humanizar» al caballo, equiparándolo legalmente en todos los sentidos a un perro o un gato, tratándolo exclusivamente como mascota. Según las comunidades agrícolas, cinegéticas y rurales, este enfoque prohibicionista se basa en un profundo error cultural y económico, que corre el riesgo de producir el efecto contrario al deseado.
- La desaparición de la especie: Calificar de "explotación" el salto ecuestre, la hipoterapia o el turismo ecuestre ignora una alianza milenaria. Si la actividad ecuestre se viera reprimida por prohibiciones inviables, los caballos se convertirían en un lujo inalcanzable para la mayoría de los aficionados, lo que provocaría su rápida desaparición del campo y el fin de la selección de razas autóctonas.
- Gestión de la cadena de suministro y legalidad: Un enfoque pragmático exige considerar también la cadena de suministro de carne de caballo. Italia tiene una demanda consolidada que no puede eliminarse por decreto: prohibir el sacrificio nacional no acabaría con el mercado, sino que simplemente lo trasladaría al extranjero o a canales clandestinos, privando a los animales de los estrictos controles de la cadena de suministro que el Estado garantiza actualmente como salvaguarda de la legalidad.
Un tema mucho más amplio.
El caso Canalis plantea, por lo tanto, una cuestión más amplia sobre el bienestar animal: ¿se logra la verdadera protección de los équidos y otros animales mediante un enfoque abolicionista o potenciando su papel en el mundo y la economía real? Las federaciones deportivas y las asociaciones del sector señalan que el mundo ecuestre moderno impone hoy en día estrictos protocolos veterinarios y rigurosos controles antidopaje precisamente para garantizar el bienestar físico y mental del animal atleta. Para quienes defienden la gestión regulada de la tierra, la dignidad del caballo se expresa precisamente en la vida rural, en el movimiento y en el trabajo dirigido por el ser humano, no en su total aislamiento de la sociedad (fuente: AB – Agrivenatoria Biodiversitalia).









































